Costillas de Cerdo con Salsa Barbacoa

Y una semana más os traigo nueva receta.

Ya sabéis hace un tiempo pedimos carne a Alimentación Gallega, una empresa de carne de primera calidad y os digo… si os gusta la carne de ternera, de cerdo, de pollo. No dudéis en probar la carne de Alimentación Gallega. No os dejará indiferente.

Pedimos un pack de comida mensual familiar y nos quedamos una parte y otra parte para mis padres. Una de las cosas que me quedé fueron unos costillares de cerdo. Y pensé… La mejor excusa para hacer costillas con salsa barbacoa, uno de los platos favoritos de mi marido.

Así que este fin de semana, me teníais con las manos en la masa. Haciendo desde 0 la salsa y cocinando estas maravilosas costillas en el horno.

Os dejo la receta paso a paso, para que veáis lo fácil que es. ¡Para chuparse los dedos!

Ingredientes

  • 1 kg Costillas de Cerdo
  • Sal
  • AOVE
  • Para la salsa barbacoa:
    • 250 g de salsa de tomate
    • 60 ml de vinagre de vino (si tienes de otro vinagre que utilices normalmente te sirve, pero no de módena)
    • 60 gr de azúcar
    • 2 cdas salsa de soja
    • 2 cdas mostaza
    • 1 cdta. de pimentón dulce (si quieres que pique un poco pon pimentón picante, pero a nosotros nos gusta la salsa que esté dulce, en este caso)

Receta paso a paso

Lo primero que haremos será precalentar el horno. Para ello, lo ponemos a 220º, calor arriba y abajo, sin ventilador.

Mientras el horno se precalienta, prepararemos la salsa barbacoa y para ello, lo que debemos hacer es mezclar todos los ingredientes de la salsa barbacoa: Salsa de tomate, el vinagre de vino, el azúcar, la salsa de soja, la mostaza y como os he puesto en los ingredientes, en nuestro caso, pimentón dulce.

Removemos bien para que se integren todos los ingredientes.

PERSONAL: He hecho mucha salsa. Las cantidades te servirían para un costillas de kilo y medio, tranquilamente, pero conozco a mi medio limón y su amor por las salsas. Además, acompañé estas costillas con unas patatas al horno y lo mejor de todo era mojarlas en la salsa. Absolutamente fantástico.

Cuando tengamos la salsa barbacoa lista, pondremos nuestras costillas en una bandeja apta para horno. Ponemos sal y, al que le guste, pimienta (como sabéis en mi casa no somos muy fans, y por ello, siempre la omito), por los dos lados del costillas y un chorro de aceite por cada lado. Luego, con la ayuda de un pincel o con la misma mano, extendemos bien el aceite por todo el costillar.

RECUERDA: Debes ponerle por los dos lados.

Después añadimos la salsa barbacoa. Debes cubrir toda el costillar. Extendemos hasta taparlo entero y metemos en el horno.

Pasados 30 minutos, abrimos la puerta del horno y comprobamos que la salsa no se está quemando. Es muy importante que la salsa no se queme y se quede negra y pegada en la bandeja del horno.

Por ello, yo a los 30 minutos de estar en el horno, miro cómo va la salsa. Sé que a las costillas les queda un rato, pero como digo, lo importante es la salsa. Si veis que se está quedando seca y por ello, podría quemarse, debeis agregar agua (no hace falta poner mucha, ya lo vereis).

Volveis a meter en el horno y dejáis otros 30 minutos. Mirad qué tal va. Pero como ya lleva una hora, si el costillas no es muy grande, veréis que ya se está cocinando bien.

Yo le volví a agregar agua (pongo poca, prefiero ir poniendo que no poner de más) y dejé otros 10 minutos más. Las costillas llevarán 1 hora y 10 minutos.

Pasado este tiempo, le di la vuelta a las costillas, para que se tostara un poco por los dos lados. Dejé 10 minutos y volví a dar una última vuelta, otros 10 minutos, podéis ponerle un poco de la salsa que está en la bandeja por encima.

En total, las costillas estuvieron en el horno, 1 hora y media. Cuando ya hayan pasado los últimos 10 minutos, apagamos el horno y sacamos las costillas. Las puedes servir directamente desde la bandeja.

Yo las puse en un plato y con la ayuda de una cuchara fui poniendo la salsa, que quedaba en la bandeja, por encima de las costillas. Cuando vi que tenía suficiente, lo que me quedaba de salsa la puse en un bol y serví aparte, por si alguien quería mojar más salsa.

Y así tenéis unas costillas de cerdo con salsa barbacoa para chuparse los dedos (literamente). La carne se había separado del hueso y era una auténtica delicia.

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